lunes, 1 de junio de 2015





Seguro que alguna vez has tenido la sensación de encontrarte perdido, de no saber que hacer ni a dónde vas. Dudas sobre si el camino que estas cogiendo y al que te vas a aventurar realmente te va a llevar a lo que quieres, si te va a conducir hasta tu meta final.
Te sientes inseguro, por una parte sabes que eso es lo que quieres, pero por otra parte dudas de si realmente, si en el fondo eso es lo que quieres, y solo tienes la esperanza de estar haciendolo bien y que al final de el camino sepas que has elegido el camino correcto, y has llegado al sitio al que querías llegar, o al menos a un sitio bastante parecido a lo que querías al principio de empezar a caminar.

Supongo es es normal sentirse perdido al principio, en mi situación se debe a que siempre he sabido que es lo que me tocaba hacer, lo sabía porque más o menos sabía que éticamente era lo correcto, que socialmente era lo que me tocaba hacer y tenía el camino bastante marcado, que las opciones eran limitadas. Pero ahora llega el momento en el que he de decidir libremente, cualquier opción es válida, y el problema es que hay tantas opciones que no sé si hay algunas correctas o algunas erroneas, o si todas son correctas o erroneas.

Supongo que al fin y al cabo me siento perdida porque a la vez me siento asustada.
Si, asustada.
Asustada por si estaré escogiendo bien, y con ello no me refiero a si la opción es buena o mala socialmente. Estoy asustada por si me equivoco y elijo un camino en el que no me sienta feliz al caminar por él.
 Quiero saber escoger lo correcto para mi, escoger un camino que me llene de felicidad própia, que me permita hacer lo que más me gusta y hacerlo bien. Un camino en el que me apetezca caminar y adentrarme, en el que me sienta satisfecha con mi decisión, en el que cuando llueva no me moleste mojarme, o no me moleste el sol cuando brilla con su mayor resplandor y no me deje ver, quiero elegir un camino en el que camine con los ojos cerrados y me sienta agusto y tranquila, porque sé que es seguro y puedo confiar en mi decisión.

A la vez me planteo quet ampoco tengo que preocuparme por si elijo el camino incorrecto y me equivoco, siempre puedes salirte del camino marcado y llegar a otro sendero.
Dentro de mi, a pesar de tener miedo a equivocarme, sé que si me equivoco, puedo cambiar, no retroceder, pero si coger una salida que me lleve a otro lado, al fin y al cabo el tiempo que he dedicado en el sendero incorrecto, no será tiempo perdido, ese tiempo me ayudará a darme cuenta de que es lo que no quiero y quizás sabiendo que es lo que no quiero, pueda llegar a saber lo que sí quiero, ya todos sabemos que de los errores se aprende.


Y aunque no pueda darte la solución a esta situación mi consejo es que aunque tengas la vista nublada y no veas con claridad lo que quiere elegir, no te detengas nunca, pues jamás tendrás la vista totalmente nublada, la niebla te impide ver a larga distancia, pero te permite ver a corta distancia, y si sigues paso a paso sin parate, cuando menos te des cuenta, habrás cruzado la niebla y verás con claridad el final.



PERO SOBRETODO SIGUE CAMINANDO.